domingo, 13 de agosto de 2017

Venezuela


LA INTERVENCIÓN IMPERIALISTA
Y LA ASAMBLEA NACIONAL CONSTITUYENTE
EN VENEZUELA

Ante la gravedad de la situación que vive nuestro Continente y  la arremetida imperialista contra el legítimo gobierno de Venezuela, el PARTIDO PUEBLO UNIDO hace un enérgico llamado a la movilización de todas las fuerzas progresistas, democráticas y de izquierda de nuestro país, para enfrentar decididamente los planes de la CIA, el Pentágono y la derecha internacional, en defensa de los derechos del pueblo del Libertador Bolívar y los pueblos latinoamericanos.


AVANCES DE LA IZQUIERDA EN LA REGIÓN
América Latina ha vivido, desde fines de la década de los 90, tras el fracaso de los gobiernos neoliberales, un inédito proceso de avance. El siglo XXI comenzó en el continente con un claro predominio de gobiernos progresistas y de izquierda, con logros sustanciales en la mejora de las condiciones de vida de nuestros pueblos, comprobados por Naciones Unidas y los organismos internacionales de desarrollo. Se lograron avances sustanciales en los procesos de integración regional y en la creación de una nueva institucionalidad continental (UNASUR, CELALC). América Latina avanzó históricamente en estos últimos 15 años en la afirmación de su independencia y en su unidad hacia el futuro.

LA OFENSIVA IMPERIALISTA CON TRUMP
Los avances de las fuerzas progresistas del continente son vistos como un peligro por el imperialismo norteamericano, que cuenta con ingentes recursos económicos, militares, diplomáticos (como la OEA), el control de los grandes medios de comunicación y poderosos aliados en la derecha latinoamericana.

El gobierno norteamericano ha desplegado una violenta ofensiva política y militar para repotenciar su dominación. Aprovecha la caída de los precios de las materias primas y los errores de los gobiernos progresistas y de izquierda al no modificar la matriz productiva exportadora de materias primas y los escándalos de corrupción que han salpicado también a sectores de izquierda. Su interés estratégico es el control del mercado latinoamericano y  de las grandes reservas de materias primas,  agua, bosques y biodiversidad en nuestros territorios. Con el presidente Donald Trump esta política agresiva se ha intensificado.

En diciembre de 2015, la derecha tradicional ganó las elecciones en Argentina, al concluir el período de Cristina Kirchner, con Mauricio Macri, heredero del clan que se enriqueció con la dictadura militar. El  gobierno macrista viene aplicando una feroz ofensiva neoliberal que favorece a las grandes fortunas y recorta los derechos de los trabajadores y el pueblo.

En Brasil, la principal economía del continente, hace un año la derecha corrupta  logró destituir a la presidenta Dilma Rousseff mediante un escandaloso golpe seudo-legal. El actual presidente Michel Temer no cuenta con respaldo popular y está sometido a reiterados procesos penales por corrupción. Los trabajadores han protagonizado la primera huelga general contra este gobierno antilaboral y el pueblo brasileño se moviliza masivamente en las calles.

De esta forma, el mapa político latinoamericano ha cambiado drásticamente, con cambios hacia la derecha proimperialista. En este proceso juega también un siniestro papel el presidente Kuczinsky, uno de los primeros en alinearse con Trump y en sumarse al cerco contra Venezuela, incluso en el plano militar.

AGRESIÓN EN MARCHA
Estados Unidos desde el gobierno de Hugo Chávez viene atacando a Venezuela con todos los medios a su alcance. Esto no es extraño en Latinoamérica: todos los gobiernos revolucionarios o progresistas que han asumido políticas favorables a los trabajadores y a las mayorías populares, han sido objeto de intervenciones imperialistas, entre ellas Chile y Venezuela (1948), Guatemala (1954), Cuba (1961), República Dominicana (1963), Brasil (1964), Uruguay (1969), Chile (1973), Nicaragua (desde 1980, la guerra de los “contras” contra el gobierno revolucionario sandinista), Panamá (1989) y otras. La única derrota imperialista fue en Cuba.

La intervención norteamericana en Venezuela se agudiza en la medida que los gobiernos de países importantes de la región, como Brasil y Argentina, se han pasado al campo imperialista. La intervención va de la mano con la baja del precio del petróleo, que debilita la economía, y el sabotaje en la distribución de alimentos y artículos de primera necesidad, por parte de la “boli-burguesía”. No se trata de protestas “democráticas” de la oposición política al gobierno, es un plan sistemático con acciones violentas de grupos armados, que cuentan con recursos económicos y militares, que apuntan a provocar la intervención militar yanqui  con apoyo de la OEA y gobiernos de la región. Para comprobarlo basta leer el documento “Operación Freedom 2”, del Comando Sur del Ejército norteamericano, firmado por el Alm. Kurt Tidd (25/02/2016). 

Los imperialistas tratan de derrocar con esta intervención a un gobierno elegido por voto popular y que se mantiene dentro del mandato constitucional. De tener éxito, la correlación de fuerzas políticas en el continente pasaría a ser extremadamente favorable a la dominación yanqui. Peor aún, la extrema derecha busca destruir al chavismo como fuerza política en Venezuela y aniquilar la influencia del pensamiento bolivariano en el continente y en el mundo.

EN JUEGO  NUESTRO DESTINO
Para los trabajadores y el pueblo peruano, esta descarada intervención imperialista es un grave peligro. Busca imponer por la fuerza una hegemonía reaccionaria en la región, la que impediría por muchos años un gobierno de izquierda y un proceso de cambios en nuestro país. Y también podría provocar un enfrentamiento bélico regional con altísimos costos humanos y materiales.

El gobierno de PPK ha optado por convertirse en servil peón de la intervención yanqui en Venezuela, en un vano intento de ganar los favores del gobierno de Donald Trump. Acaba de convocar una reunión de cancilleres de la región con el manifiesto propósito de promover el aislamiento de Venezuela y facilitar los planes de agresión imperialista.

Es un gravísimo error que, en estas circunstancias, algunos políticos e incluso parlamentarios que se dicen de izquierda, se sumen al coro contra el gobierno legítimo de Venezuela y apoyen la intervención en nombre de una supuesta defensa de la democracia y los derechos humanos. Debemos decirlo con claridad: es de izquierda quién lucha contra la agresión imperialista. Quién prefiera defender al imperialismo, no puede ni debe engañar a nadie proclamándose falsamente de izquierda.

LA RESPONSABILIDAD DE LA ANC             
Es inobjetable que el gobierno y las fuerzas populares y revolucionarias de Venezuela han logrado una extraordinaria victoria con la elección de la Asamblea Nacional Constituyente (ANC). Sin embargo, todo indica que la intervención imperialista continuará y que en los próximos meses arreciarán los ataques de los grupos terroristas que pugnan por provocar una guerra civil y la abierta intervención armada de los Estados Unidos y de los países de la región que se suman a  su estrategia.

En este contexto, la ANC ha devenido en un actor determinante. Su fortaleza dependerá de la legitimidad que logre ante  las masas populares en esta coyuntura crítica, del consenso que alcance por identificar los asuntos prioritarios y su capacidad de adoptar acuerdos que mejoren las condiciones de vida de las mayorías.

Es fundamental que la ANC tenga éxito en defender la economía popular, en profundizar las conquistas sociales y políticas a favor de los trabajadores y del pueblo, en combatir la corrupción en el seno de la administración pública y en desarticular los focos de conflicto que pueden ser explotados por la contrarrevolución. Su mayor desafío es derrotar la violencia y la guerra económica,  defendiendo la paz, salvaguardando la soberanía del país y su independencia.

El imperialismo y la oposición interna buscarán desprestigiar a la ANC y vaciarla de contenido. La mentirosa campaña mediática nacional e internacional es una de sus instrumentos principales. Su objetivo no será otro que desconocer su autoridad y desvincularla de las masas.

El presidente Maduro, los dirigentes bolivarianos y el pueblo chavista, junto a las Fuerzas Armadas, tienen una enorme responsabilidad en esta coyuntura. Sus  mejores armas son el prestigio de los líderes de la ANC, el debate democrático en su seno, la permanente consulta a las bases populares y los acuerdos con amplio respaldo de las organizaciones de masas y de las comunas populares.

La responsabilidad de la ANC es enorme. De su éxito o fracaso dependerá en gran medida el desenlace estratégico de la presente coyuntura y  el futuro de la Revolución Bolivariana, vale decir del Socialismo del Siglo XXI.


¡Por la Vida, la Patria y el Socialismo… Construyamos el Poder del Pueblo!