domingo, 13 de agosto de 2017

La Izquierda...


La Izquierda peruana hoy: desafíos[1].
(Apuntes para la discusión)

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1.     De Mariátegui hasta hoy la izquierda peruana ha tenido alzas y baja, momentos estelares y prologados repliegues. Recién empezamos a salir del último y extenso repliegue de más de dos décadas, en las cuales la izquierda estuvo en los márgenes de la política. Esta reversión es—imposible que fuera de otro modo—, lenta y compleja. Adolecemos de demasiadas carencias en el orden intelectual, ideológico, político, organizativo y de liderazgos legitimados. Si hay una palabra que puede resumir el contexto actual de la izquierda en esta etapa es dispersión. Y lo paradójico es que las condiciones se presentan inmejorables para que esta pueda convertirse en una alternativa potente en la conducción de los destinos del país. 
2.    Superando la derrota. Estamos en un momento particularmente complejo en el que las fuerzas de la izquierda se recomponen en un contexto económico, político y social de grandes tensiones e incertidumbres. Salir de la derrota está resultando no solo difícil y complejo, sino también en muchos aspectos, frustrante. No perdamos de vista—esto es clave— que somos un país de posguerra y esto tiñe todas las dimensiones de la vida y la política y así será por un largo período. No solo están las heridas reales de un conflicto largo y cruento, no solo están las secuelas judiciales y penales que pueblan los tribunales, sino que la instalación del miedo y  su uso como instrumento de control y manipulación política, es uno de los más socorridos recursos de las clases dominantes, para quienes el “anti-terrorismo” es la coartada perfecta para legitimar su afán autoritario y de criminalizar la protesta social.

Se sale lentamente de años de derrota estratégica. Las resistencias populares, particularmente las que enfrentaron las lógicas depredadoras del extractivismo, así como la movilización juvenil contra la llamada “ley pulpín”, crearon el contexto que permitió que la izquierda, y en particular el FA y su candidata presidencial Verónika Mendoza, tener un papel destacado en las elecciones de abril del 2016, que le permitió a la izquierda volverse a colocar en el escenario de la política nacional. Con mucho de azaroso, este resultado electoral y el espacio parlamentario obtenido, no aseguran a la izquierda un lugar sólido en el panorama político nacional. El sentido común autoritario y neoliberal sigue teniendo peso en la conciencia colectiva, la corrupción que atraviesa todo el espectro político y social ha producido una ciudadanía escéptica y desencantada. Cambiar esto es una batalla ardua y en varios frentes.
3.  Lo economía neoliberal en crisis: asistimos al agotamiento del ciclo de crecimiento basado en el auge de los precios de las materias primas, lo cual acentúa las tensiones sociales y limita las posibilidades de las clases dominantes de administrar los conflictos. Las tasas de exclusión, la violencia y la falta de respeto a la vida humana que desarrolla la dictadura financiera son infinitamente superiores a la que generó en su momento el fascismo. Lo distinto es que ahora no vienen con camisas grises sino con trajes y corbatas, que ya no apuntan con fusiles sino con cámaras de televisión. Esto dificulta la pelea porque vivimos en sociedades formalmente democráticas, pero socialmente autoritarias.
    Los grandes excedentes producidos por el ciclo de auge se lo apropiaron las transnacionales y un puñado de grandes empresarios mientras que el país dejó pasar una oportunidad inmejorable para plantearse un desarrollo autosustentado, la seguridad alimentaria y una reconversión productiva que nos hiciera menos dependiente de las explotación de las materias primas, actividad que no solo es agotable sino también contaminante.  
4.     El Estado como gestor de intereses privados. La política pública en el Perú no está dirigida a construir ni un proyecto ni una comunidad nacional. Nos encontramos ante un gobierno cuyo único horizonte es el de promover inversiones en la idea de que estas traerán por sí mismas desarrollo y empleo. Su espíritu y su razonamiento es empresarial y su lógica es lobbysta. Se encuentra jaqueado por el fujimorismo, que expresa la versión autoritaria y corrupta de la derecha política peruana, pero al mismo tiempo tienen un amplio terreno de convergencia objetivo.
     La incapacidad de los partidos, en particular de los partidos gobernantes, aunque no solo de estos, se ha traducido en un descrédito general de la política y los políticos. Esta es una democracia débil que corresponde a una república incompleta, lenta e ineficaz, cuyas leyes y normas ciudadanas se cumplen tarde mal o nunca. La propia noción de ciudadanía se encuentra en construcción.
    La corrupción atraviesa todo el cuerpo social. Todos los que gobernaron el Perú desde 1985 afrontan serias y en varios casos probadas, acusaciones de corrupción. Dos expresidentes presos, uno con orden de captura y otro batiéndose con artimañas de mafioso para librarse de la justicia, dan cuenta de la magnitud del problema y de las dificultades que se tiene para hacer política al servicio del bien común.
    Existe también una extensa economía ilegal ligada al narcotráfico, a la tala y minería ilegal, al contrabando, etc., que han ganado fuerza y protagonismo en espacios regionales, incursionando incluso a nivel nacional a partir de sus propias estrategias de alianzas.
     Esto hace que la trama de la política sea particularmente diversa regionalmente y que plantee la necesidad de estrategias más complejas en el plano nacional. Parte del éxito del fujimorismo fue haber tejido esas alianzas con poderes regionales mafiosos.
5.     La derechización de la política peruana. Desde la década de 1960 el péndulo de la política y el sentido común en el Perú osciló hacia la izquierda. La escena internacional lucía favorable, internamente la oligarquía era incapaz de administrar el Estado y los movimientos sociales estaban en ascenso al igual que el pensamiento crítico. El gobierno de Velasco será el  momento más alto de esta oscilación hacia la izquierda. A partir de entonces es que la derecha recupera posiciones, claro está que esto sucede con marchas y contramarchas. La salida de los militares fue impuesta por las luchas populares, pero la izquierda no pudo capitalizar este momento y permitió que la derecha se reacomodara con Acción Popular en 1980. La década de 1980 la izquierda mantuvo la iniciativa aunque se desdobló en dos vertientes, una legal-electoral y otra insurgente armada que con el devenir chocaron y se hicieron excluyentes. El año 1985 produjo una coyuntura en la que el APRA ganó las elecciones con un discurso de cambio progresista y la izquierda socialista obtuvo el segundo lugar, dejando a la derecha política en una situación precaria. Es en este momento clave que el péndulo empieza a oscilar a la derecha, la crisis económica y el desborde de la violencia subversiva abrieron el espacio para un autoritarismo que pusiera orden, mientras que el desbocamiento de la hiperinflación aprista crearon el marco favorable para que el discurso neoliberal privatista e individualista se hiciera hegemónico.
    La derecha capitalizó el rechazo de la política cuando esta se vació de su sustancia ideológica para convertirse en gestión del poder. Esta despolitización que nos fragmenta y coloca en situación de clientes  relacionados individualmente a través del mercado. Florece entonces el pensamiento conservador. La percepción de la inutilidad de la política deriva de la receta neoliberal: el gobierno, del signo que fuere, aplica ajustes; y si esto viene acompañado de corrupción, la política queda depreciada y despreciada.
    Además, los constructores de consensos en la derecha son, más que los partidos, que han devenido—y no solo en el Perú—en efímeras correas de transmisión del poder, los grandes medios de comunicación de masas. Son ellos los que marcan la agenda, los que visibilizan u ocultan hechos, los sesgan y distorsionan. Es a través de ellos  que se establecen las realidades, se construyen o demuelen los discursos y símbolos que entran en disputa en la escena política. En este terreno nada de lo que se haga será suficiente y, como la experiencia muestra, la única forma de romper este sutil pero eficacaz mecanismo de dominación es con la acción de las multitudes movilizadas.
6.    Las luchas sociales. Las grandes luchas populares que arrancan la década del 60 y tuvieron su expresión política los años 80 en diversas formaciones políticas, particularmente la IU, la más amplia y duradera.
    La década del 90 este movimiento social entró en crisis profunda producto de tres tendencias básicas: 1) El debilitamiento estratégico de la clase obrera y el sindicalismo como resultado de la crisis económica y del proyecto neoliberal de desindustrialización y ofensiva anti-laboral; 2) El conflicto armado interno, que militarizó la sociedad y desgarró el tejido social; 3) La crisis profunda de la izquierda legal que había tenido responsabilidades de liderazgo sobre las más importantes organizaciones sociales. Desaparecieron organizaciones y las que sobrevivieron quedaron hondamente debilitadas. Pero lo más importante es que se impuso el sentido común neoliberal del individualismo a todo tren, del éxito de los emprendedores, del desdén por los esfuerzos y las luchas colectivas. El fujimorismo expresa políticamente estos procesos en los que la contrainsurgencia se asocia al proyecto neoliberal y le da legitimidad. Autoritarismo político y libre mercado son dos caras de la misma moneda.  
     Las luchas de finales del siglo pasado contra el fujimorismo fueron plurales y en ellas ni la izquierda ni las organizaciones populares tuvieron un rol protagónico. Esto permitió que la transición democrática estuviera liderada por gentes como Toledo, aventurero arribista que dio continuidad al modelo neo-liberal y que no solo no desmontó la estructura autoritaria y corrupta, sino que le facilitó su reciclamiento y reconstrucción.
 Es desde inicios del siglo XXI que el movimiento popular recupera progresivamente protagonismo. Las primeras luchas dispersas, como la resistencia del pueblo de Arequipa al intento de Toledo de privatizar el Agua, fueron seguidas de los combates de resistencia de los pueblos y comunidades contra los efectos perversos de las políticas extractivistas. Las batallas de las poblaciones nativas contra la política del “perro del hortelano” de Alan García que devino en el “Baguazo” y que fue la primera gran derrota del neoliberalismo en el Perú, fue seguida por la resistencia del pueblo de Espinar contra Tintaya, de Cajamarca contra el proyecto Conga y de Islay contra el proyecto Tía María, que lograron frenar los afanes de estas empresas transnacionales. Coronó el ciclo la lucha de los jóvenes contra la “ley pulpín”, que fue un momento estelar del ingreso de la nueva generación de políticos jóvenes al escenario político.
    Los sectores populares tuvieron expresiones diferentes, sin referentes políticos consistentes con el que identificarse; dispersa, dividida, en desorden, la izquierda no podía aspirar a ser hegemónica.
    Hoy estamos ante una huelga magisterial que constituye el más amplio movimiento social en mucho tiempo. Sin duda los maestros están tan insatisfechos que cuando se abrió la brecha se lanzaron a la batalla. Graves responsabilidades le competen al CEN del SUTEP dirigido por Patria Roja, y no las pueden encubrir acusando—con razón o sin ella—a los variados liderazgos contestatarios, de senderistas. Esta huelga marca un parte-aguas que gravitará en el proceso político: primero, porque cuestiona a una burocracia sindical magisterial autosatisfecha; segundo, porque cuestiona al neoliberalismo y su lógica anti-popular; tercero porque recupera la iniciativa popular en la batalla por sus derechos; cuarto porque los maestros dejaron de temer a que los acorralen con el estigma del “terrorismo” con el cual pretenden criminalizarlos. Hay sin duda una batalla ideológica y política contra el senderismo en el magisterio y en el país, pero ese es otro asunto que no puede condenarnos a la inacción y a sostener a burocracias caducas que han terminado aliándose al poder ante su incapacidad de dar la batalla en el seno del pueblo.
7.     El Frente Amplio. Luego de una desastrosa participación electoral el 2006 en que los tres candidatos de la izquierda apenas sumaron 1.5% de los votos, la izquierda volvió al escenario de la mano de Humala, en un romance de corta duración, pues muy pronto quedó clara la capitulación del susodicho personaje.
  Lo nuevo de esta etapa para la izquierda fue el surgimiento de TyL, organización encabezada por el ex-sacerdote Marco Arana, quien asumió la agenda ambiental planteada por las luchas sociales y supo insertarse en la coyuntura, recoger energías juveniles y lograr su inscripción legal, que en adelante sería su principal activo.
   La elección de Susana Villarán como alcaldesa de Lima, fruto de una circunstancia, en lugar de ayudar a acumular fuerzas, trajo descrédito respecto a la capacidad de la izquierda de gestionar. Fue, sin embargo, una buena experiencia.
      La preparación de las elecciones municipales del 2014 llevó a la constitución del FA, más los desacuerdos tácticos hicieron que TyL se retirara con su inscripción. Se inició una nueva etapa en la que nuevas organizaciones, particularmente algunas recientes y de composición juvenil (como Sembrar o el ML-19), nos nucleamos alrededor de la inscripción de TyL. El mayor aporte del FA fueron las elecciones ciudadanas abiertas para la designación de sus candidatos. Y aunque hubo inconvenientes fruto de la inexperiencia, el resultado fue exitoso, particularmente porque permitió la designación de Verónika Mendoza como candidata presidencial.
     Los resultados electorales de abril del 2016, debido a la buena actuación de la candidata y a un conjunto de azares y circunstancias, sorprendió.  Abrió a la izquierda un amplio espacio de posibilidades que habría requerido de mayor madurez y visión estratégica para capitalizarlo. Nos entrampamos en tempranas pugnas por el liderazgo y el control del aparato. TyL se sintió amenazado y en su inseguridad, en lugar de intentar convertirse en fuerza hegemónica (entendida en el sentido gransciano de superioridad intelectual y moral), se atrincheró en su inscripción como mecanismo de poder burocrático. La lucha interna en TyL arrastró al conjunto del FA polarizándolo. Visto en retrospectiva, debemos reconocer que nos faltó sagacidad para que la situación no terminara en ruptura. Tiempo perdido y expectativas frustradas.
      Pero no todo está dicho, las condiciones para revertir la situación existen si hay voluntad política para construir la más amplia unidad y se ponen por delante los intereses del pueblo. Las relaciones entre el FA y el MNP no deben seguir alentando desconfianza y agresividad, sino buscar la cooperación en torno a la amplia plataforma de objetivos comunes.
8.  El nacimiento del Movimiento Nuevo Perú fue consecuencia del resultado electoral de abril del 2016. No era sostenible que una de las partes tuviese, a partir de la inscripción legal, la última palabra en las decisiones del Frente, ni que hubiera militantes de primera y segunda clase. El desafío era generar un gran movimiento ciudadano y popular que tradujese en organización el caudal de votos obtenido y que se convirtiese en factor articulador de otras formaciones políticas del campo popular. Las diferentes perspectivas y el ambiente subjetivo no lo permitían.
   Articulados alrededor de Verónika Mendoza un conjunto organizaciones, colectivos y compañeros nos propusimos construir ese movimiento político que buscase la más amplia unidad del pueblo. Intentamos que esto se hiciera al interior del FA pero no fue posible y debimos constituirnos en organización autónoma.
    Recogíamos de la breve experiencia en el FA los conceptos que no habían podido desplegarse sino parcialmente: democracia radical, elecciones ciudadanas abiertas, un militante un voto, esto es, un vasto movimiento ciudadano. La tarea inmediata era recabar firmas para obtener una inscripción legal.   
    Debemos reconocer que no hemos avanzado lo suficiente en esta dirección. Con énfasis en los aspectos organizativos, el MNP no ha logrado convertirse en una fuerza capaz de responder a los desafíos de la situación política en general y de las luchas sociales, en particular. No hemos aun ensamblado un proyecto articulado, con iniciativa, que no encierre la política en el marco parlamentario y sea capaz de llevarla al pueblo, a la calle, donde debe estar nuestro elemento principal.  
     Asumimos que no debemos ser solo suma de organizaciones. Respetando a los protagonistas de experiencias históricas, la gente que apuesta por el  MNP busca algo distinto: una izquierda renovadora de la política, sin pasado corrupto, que no habla solo para los convencidos, que suma y convoca.
9.    La izquierda en una etapa de redefiniciones. Estamos en una etapa crucial en la que se están realineando y recomponiendo las fuerzas. El proceso de salida de la crisis y la marginalidad está resultando particularmente difícil.
     Los ejes de tensión que atraviesan a las diferentes fuerzas políticas, con diversa intensidad y con distintos énfasis de acuerdo a sus particularidades son: primero, la fractura generacional, parecida a la de fines de los 60s, cuando una nueva generación de jóvenes políticos irrumpió; segundo, los diferentes entendimientos sobre la democracia y cómo esta se articula con el proyecto socialista; tercero, las diferentes miradas de la situación internacional, particularmente el caso de Venezuela; cuarto, no la ausencia de una evaluación compartida de la guerra interna, de sus actores y de cómo tratarlos en cada caso. No son todas, pero son las principales.
     Sin duda que no se trata de estar de acuerdo en todo antes de actuar, y menos esperar homogeneidad. Es perfectamente posible una plataforma de acción conjunta, y en eso debemos comprometernos. Pero a la vez debemos ser conscientes de que existe un debate abierto sobre este y otros temas y que eludirlos o patearlos indefinidamente para adelante solo prepara crisis y rupturas a la primera encrucijada que se nos plantee. Solo así seremos capaces de proyectarnos al futuro e inscribirnos no solo en una ruptura sino también en una continuidad histórica.
     Sabemos que el conflicto parlamentario está bajo un foco que lo hace relevante en el imaginario colectivo, y que tiende a suplantar a los problemas reales. Es necesario clarificar que los problemas no se resuelven en el parlamento sino en la correlación de fuerzas en el país, que la confrontación no es sólo política sino también social y cultural. Se trata de elementos cruciales para dar vida a un movimiento político de masas que vaya más allá de las fronteras de la izquierda política y esté capacitado para modificar el estado actual de las cosas.
10. Teoría de la organización. Los retos son tremendos y exigen una dirección colectiva, enraizada en las masas, conduciendo sus luchas unitariamente y tomando los aportes de otras experiencias de otros pueblos, en el contexto de nuestro quehacer político que nos exige el análisis concreto, de la situación concreta.
   Enfrentamos el miedo que usa la derecha como arma política; le oponemos la consecuencia, la coherencia y el compromiso con pueblo, las cuales son armas potentes.
      Buscamos centralizar y unificar esfuerzos. Desde la pequeñez, desde los márgenes, solo se reproduce la impotencia y el discurso se sobrecarga de ideología y no nos permite aprender de la experiencia.
   Requerimos dotarnos de una teoría crítica, pero también de un lenguaje menos virulento, que reflexione y no estigmatice, que construya puentes y no muros, que ilumine y no ensombrezca. Debemos permitir que afloren los afectos, que tejamos lazos de confianza nacida de las aventuras y los riesgos compartidos, de la praxis común. Las redes sociales son una herramienta poderosa si se las usa con inteligencia y responsabilidad, pero también son un arma peligrosa de disociación y canibalismo político en manos de los sectarios sueltos en plaza.
     Recuperemos la dimensión ética del compromiso, “el mandar obedeciendo”, de los zapatistas; la idea guevarista de “primeros en el combate y últimos en la recompensa”; “la creación heroica” mariateguista y la humildad de los viejos luchadores anarco-sindicalistas.
11. Superar la despolitización que afecta la vida en común y favorece a la derecha neoliberal. Estamos fragmentados, nos vinculamos a través del mercado como consumidores. Los otros elementos comunes, culturales e ideológicos, son anecdóticos. Sin la articulación de los elementos colectivos, la izquierda pierde sentido y eficacia. La despolitización obedece a las necesidades de la derecha neoliberal.
12. Un proyecto con memoria pero que se abre al futuro. La memoria es un recurso para saber e intervenir en el presente. En sectores de la izquierda, especialmente entre los más jóvenes, existe a menudo la tendencia a considerar que “hace falta recomenzar todo de nuevo”. Esta ausencia de memoria fragiliza. Una cosa fue inventar el socialismo del siglo XIX y algo muy diferente es reinventarlo a principios del XXI como si no hubiera pasado nada.
13. Victorias parciales que abren caminos. La izquierda tiene que ser más práctica en relación a las dinámicas que están ocurriendo.  Marx decía que el primer paso hacia la libertad era la limitación de la duración de la jornada de trabajo. Demandas concretas que abren trocha a procesos más estratégicos. Y cuando no hay posibilidad de solución revolucionaria, buscar salidas parciales que cuestionen la insensatez de la lógica neoliberal y abran espacio a nuevas formas de organización.
14.Tres procesos en la construcción de una alternativa: lo primero es la participación popular y la construcción de una subjetividad política acorde. Romper la atomización social y los subsecuentes sentidos de impotencia y desarraigo, construyendo una subjetividad social participativa, consciente, orgullosa de sí misma. No basta la delegación pasiva, se necesita protagonismo de las masas. Un éxito electoral relevante debe converger con la actividad de los movimientos. Dar vida a un verdadero movimiento político de masas que va más allá de la adhesión a un partido o al consenso sobre un líder.
   Lo segundo es la construcción de un imaginario adecuado. El actual imaginario popular está colonizado la falsa idea fuerza del “emprededurismo” como el verdadero y único camino de salida individual de la pobreza. El éxito depende de cada quien. En este escenario, para sobrevivir es necesario competir, ser más aguerrido que los otros, son ellos o soy yo, no queda espacio para el nosotros. Generar proyectos asociativos y colectivos en todas las escalas y en las más diversas áreas y saber gestionarlos con eficiencia es una batalla contra-hegemónica de gran importancia pues ayuda a forjar sujetos autónomos.
     Lo tercero es quebrar el paradigma basado en la escasez que lleva a las políticas de ajuste. La crisis no obedece a la escasez sino a la desigual distribución de la riqueza, donde una pequeña parte de la población mundial no sabe qué hacer con tanto dinero (y lo usa para especular)  y la mayoría de la población no llega a satisfacer sus necesidades. La izquierda afirma que hay abundancia como nunca antes en la historia y para disfrutarla es necesario redistribuir el dinero y el trabajo, poniendo en el centro la cooperación entre las personas y no la competencia. Hay que redistribuir la riqueza dentro de cada país y entre los países. También redistribuir el trabajo a través de la reducción de la jornada laboral. No se trata de aspirar a un crecimiento económico cuantitativo, porque la única cosa de veras escasa es la tierra sobre la que vivimos: hay una, y continuar explotándola y llenándola de mercancías contaminantes, la destruye.
15.  Prepararse para las elecciones sin ser sus rehenes. No se trata de ofrecer un recambio electoral para hacer que la gente se emocione. No hay solución a los problemas actuales que pase por la mera delegación política, sobre todo porque los retos que enfrentamos son de tal magnitud que van a poderse poner en marcha de una manera democrática si la gente participa de los mismos. No basta ganar una elección si no construimos  la fuerza social que defienda esa victoria y que permita enfrentar luego los desafíos de una derecha golpista y saboteadora. Un conflicto surge entre la representación y la participación. El Estado moderno es “representativo” y, por definición, pocos representan a la mayoría. El resultado es que aún los partidos más transformadores terminan de rehenes de la lógica representativa. La apuesta no puede ser “vota por mí que te resolveré tus problemas”, sino el hacer de cada ciudadano agente consciente de su propio destino, participante activo de las grandes decisiones y de su plasmación.
16.  La unidad no es un fin en sí mismo. Hay quienes tienen la idea de que el problema de la izquierda es cómo unificamos a todos  y que nos separan solamente las ambiciones y los sectarismos. Eso es una verdad a medias, requerimos de unidad, pero esta debe construirse sobre bases firmes, plataformas claras y trayectorias limpias y transparentes. Necesitamos organizaciones sólidas y consistentes y no agrupamientos efímeros. Tenemos que ver el panorama nacional y no solo el espacio limeño, por importante que este sea.    
17.  Alternativa de gobierno y poder. Debemos construir un proyecto nítidamente de gobierno, sin esperar las siguientes elecciones para ganar, aunque nos preparemos para ellas, pero construyendo poder desde ahora. Es en todos los campos en que actuamos donde hay que demostrar ya que somos útiles y capaces de cambiar la vida de la gente: sindicatos, barrios, municipios, regiones, etc. Cometeríamos un error si le habláramos solo a la gente de izquierda. Porque hay mucha gente que se siente estafada por los poderes económicos y maltratada por la elite política que no asume la etiqueta de izquierdas. Lo que los dueños del poder temen no es a que se les denuncie, sino a que se les pueda sustituir.
18.  El sujeto político. El proletariado no desapareció, pero hay un nuevo proletariado con características diferentes del que tradicionalmente se solía identificar como la vanguardia de la clase trabajadora. En los EEUU los trabajadores de Mc Donalds reemplazaron los trabajadores metalúrgicos del siglo XX.  La masa de trabajadores precarios, informales y auto-empleados en mil oficios ha reemplazado a antiguo trabajador fabril sindicalista. Esa masa de pobladores de los barrios populares de las grandes ciudades tenemos que disputarla hoy no tanto a la burguesía, con la que no tienen el menos contacto, sino a la delincuencia, que es el camino de salida fácil de jóvenes a la deriva seducidos por los cantos de sirena del consumismo capitalista.
 No podemos producir por decreto movilización social, eso surge autónomamente, obedeciendo a una serie de circunstancias. Lo que tenemos que hacer es estar a su servicio, acompañarlas, alimentarlas, ser útiles. Pero debemos ser capaces de actuar también cuando no hay agitación; demostrar que somos persistentes, actores en los momentos incluso de repliegue. Construir hegemonía, aún en los momentos de calma. Una propuesta de cambio no es la que actúa solo durante las protestas, sino la que cuando la calle está vacía sabe crear esperanzas.
     Para eso es imprescindible conseguir victorias parciales aunque sean pequeñas. Que de confianza en las propias fuerzas, que alimenten el optimismo. Hay que constituir un sujeto político antiliberal de izquierda que aglutine a todas las fuerzas que compartan este objetivo independientemente de la cultura política o ideología que caractericen a los participantes. Hoy día no existe un pensamiento estructurado hegemónico en el campo de la izquierda. Existen muchísimas ideas y prácticas sociales. Es necesario construir un sujeto unitario que reagrupe todas estas ideas y prácticas sin reducirlas a una síntesis única.  
   Se trata de múltiples prácticas sociales que no se integran en un partido tradicional. El nuevo sujeto político tiene que ser construido con una perspectiva anti-neoliberal y anti-autoritaria. Perspectiva política clara, plataforma sobre la que construir un trabajo político común y pluralismo son los elementos. En lugar de proponer la fusión de los partidos en uno nuevo, se trata de construir un sujeto político plural capaz de dar vida a un espacio político nuevo del que puedan formar parte todos aquellos que quieran luchar contra el neo-liberalismo y el autoritarismo.  
19. Organizarse territorialmente alrededor de la vida cotidiana. Esta es una de las grandes cuestiones. El objetivo es cambiar y reorganizar la vida cotidiana alrededor de nuevos y diferentes principios contarios a la cosificación y la cuantificación mercantil.  Este es un punto crucial hacia la acción política debería ser dirigida en estos días. Tiene que haber una agenda anti-capitalista que recupere el valor de uso y la reciprocidad en las relaciones humanas, para que al trabajar con la gente se sepa que no se trata sólo de ayudar a arreglárselas sino que hay todo un intento organizado de tratar de cambiar políticamente el sistema. Esto requiere un proyecto político claro, lo cual es difícil en movimientos descentralizados y heterogéneos, donde no hay proyecto colectivo común. Casi el 70% de la población peruana vive en ciudades, y la vida cotidiana urbana encuentra dificultades que se vuelven amenazas. Estas van del transporte a la vivienda, de la seguridad a la recreación, de la educación a la alimentación, de la salud al cuidado de niños y ancianos. Las mega-ciudades plantean retos inmensos para organizar la convivencia. Los valores comunitarios han sido arrasados por el sentido común neoliberal de una sociedad donde debemos comportamos como empresarios de nosotros mismos: el egoísmo vence como sentido común a la solidaridad, lo privado a lo público, las empresas al Estado, una concepción antropológica pesimista frente a una concepción antropológica optimista. Vivimos en sociedades audiovisuales construidas para entretenernos y no dejarnos pensar ni profundizar en nosotros y nuestro entorno.
    En las zonas rurales, sobre todo en el área andina y de la selva nos encontramos con poblaciones indígenas que no solamente mantienen su identidad cultural, sino también existen vínculos de reciprocidad y solidaridad que pueden ser activos valiosos de prácticas sociales alternativas. No idealizamos en el sentido de pensar que estamos ante colectividades autárquicas. Sabemos cuánto ha penetrado el mercado y hasta qué punto hay diferenciaciones, pero también son perceptibles lazos y valores alternativos.
20. Una Nueva Constitución. Para plantearnos un proceso constituyente debemos empezar por uno destituyente, que es la impugnación del sistema corrupto, de la argolla con puertas giratorias entre la política y la gran empresa, de  la manipulación mediática, etc. La lucha por una nueva Constitución la entendemos como una movilización que no espera la derogatoria y la elaboración de la nueva Carta para pensar y aplicar, principios y acciones fundamentales. Aspectos de la futura Constitución pueden y deben aplicarse ya: como la desobediencia civil, el derecho a que el pueblo decidir, la igualdad de género, la diversidad cultural etc.
21. La diversidad vector de fuerza. La diversidad es clave pues es fuente de riqueza y  base de una propuesta de radicalización democrática y de transformación del país. Diversidad de cultura, género e ideología enriquece el pensamiento.
    Hay que aprender del feminismo que ha sabido dar valor a las diferencias dentro de una perspectiva general de liberación y lucha anti-patriarcal que hacemos nuestra.
¡Por la Vida, la Patria y el Socialismo… Construyamos el Poder del Pueblo!
Lima 12  de Agosto 2017


[1]  El presente documento sintetiza muchas opiniones y discusiones, tanto aquí como fuera. Recogemos textos de Rolando Rojas, Omar Cavero, Carlos Mejía Alvítez, Elio Portocarrero, Álvaro Campana y otros. Incorporamos algunos de sus aportes sin citarlos en cada caso para no hacer farragosa la lectura. Cada quien reconocerá lo suyo. Esta no es una posición acabada, sino una contribución al debate.

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